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LA MEDITACIÓN

La práctica meditativa busca aquietar la mente, pues una mente desordenada piensa a destiempo y permanece llena de preconceptos, de condicionamientos que hacen de la vida un completo caos.

La mente suele ser bastante errática como consecuencia directa de no haber sido educada para responder a eventos presenciales y por ello, cuesta mantener la Atención focalizada en la tarea que estamos realizando. En muchas ocasiones a lo largo del día nos descubrimos no estando atentos a la acción que estamos llevando a cabo. Por ejemplo, se estima que la mente de un lector suele divagar entre el 20 y el 40 por ciento del tiempo que dedica a la lectura. El impulso que nos conduce a la desatención es tan intenso que los científicos cognitivos han acabado considerando la mente errante como la modalidad “por defecto” de funcionamiento del cerebro.

Para dar orden a la mente, hay disciplinas que sitúan la Atención en la respiración, otras en la sensación física que desarrolla el cuerpo; las hay en entornos devocionales donde se sitúa la Atención en mantras o en cánticos; otras propician visualizaciones y sitúan la Atención en los objetos mentales creados a voluntad.

El sistema Advaita plantea como técnica meditativa atender a la propia Atención, que es la función cognitiva más cercana a la Conciencia y su expresión práctica en el ámbito de la experiencia cotidiana. Como pasos previos es fundamental darse cuenta de que se está pensando, pues ello corta el flujo ininterrumpido de distracción. Darse cuenta nos sitúa puntualmente en el Presente; lo más habitual es que con el tiempo, la práctica y los años aprendamos a sostenernos en él y finalmente experimentar la No-dualidad como culmen de la cognición humana, si bien el despertar puede producirse de manera instantánea en cualquier momento.

 

LA INDAGACIÓN DE LOS PERCEPTORES

Antes de analizar la No-dualidad estudiaremos previamente lo que Sesha denomina los cuatro Operadores Cognitivos, facetas que potencia la relación que se establece entre el conocedor y lo conocido. A los cuatro Operadores Cognitivos les denominaremos: Identificabilidad, Indagabilidad, Inindagabilidad y Autoindagabilidad.

Advertir la localización del testigo en un lugar u otro del Campo de cognición requiere de un nivel de quietud lo suficientemente estable para indagar correctamente. Esta facultad se adquiere con la práctica, hasta acomodarse correctamente a la nueva percepción, al igual que la vista, al entrar a un teatro donde ya empezó la función, poco a poco se acostumbra a la oscuridad. Por ejemplo, reconocer que el testigo no ocupa un lugar específico del Campo de cognición se convierte en una destreza que sólo se adquiere con el tiempo.

Identificabilidad

Mientras la mente viaje sin orden volitivo, a expensas de condicionamientos o automatismos se experimentará la Identificabilidad; esto es, atestiguar los objetos percibidos y ser partícipes de ellos, mezclándonos sin encontrar un «yo» firme como centro de la experiencia cognitiva. Cuando sonaba el timbre o la campana mientras estábamos en clase en el colegio, advertíamos que la clase terminaba. Darse cuenta es algo similar; es una llamada de Atención que nos indica que estamos en el lugar equivocado.

Indagabilidad

Darse cuenta es parte de la plataforma cognitiva denominada Indagabilidad. ¿Cuánto tiempo pasamos a diario atrapados en pensamientos de todo tipo sin darnos cuenta de que pensamos o experimentamos sensaciones sin sentido?

La Indagabilidad no es el objeto de la meditación, pero es un primer atisbo, una primera forma de modelar la mente y de tener mayor claridad por parte del Sujeto de la vigilia sintiente-pensante. Pero hay niveles más profundos de “darse cuenta”, que están asociados con los perceptores de los estados de conciencia presenciales que hemos visto anteriormente.

Inindagabilidad

Otro de los operadores cognitivos es la Inindagabilidad cuyo aspecto práctico es la Concentración. Cuando hay concentración el testigo es inindagable. En la práctica meditativa, la firmeza e inmovilidad del testigo, el Exín, es la característica fundamental de la Inindagabilidad, y la vacuidad es su expresión cognitiva representativa. El testigo no tiene más opción que observar interiormente el vacío o convertirse en objeto de su propia percepción. Para Sesha:

“La inindagabilidad tiene múltiples matices; a veces segmenta el tacto, el oído, la vista y por un instante vamos dentro. Pero hay instantes donde la inindagabilidad es tan profunda que los sentidos se cortan, que literalmente dentro todo se apaga, y entonces se es espectador de una inmensa masa vacía, totalmente homogénea, sin frontera ni límites en los bordes, no posee horizonte, es completamente estable, profundamente pétrea…

La sensación de vitalidad que hay en esa ausencia de contenidos mentales es tan asombrosa que arroba, tan asombrosa que permite la continuidad de la propia percepción, la retroalimenta constantemente, es como quien se deleita en la belleza, y así, basados en la razón y proporción de las cosas podemos gozar de aquello que es bello. De esta manera gozamos la intensidad, la firmeza, la estabilidad de la ausencia de fronteras y de límites de todo lo que opera allí en la propia Vacuidad, y llegará un momento en que cuando digo regresen no quieran, y podrían estar, horas, días, años, es más, podrían morir allí porque ello es más vivo que vivir, es más vital que vivir…”

[Extracto del Internado de meditación impartido por Sesha en Torrent (Valencia) en agosto de 2022]

Es interesante la naturaleza del testigo inindagable porque con él empieza la investigación del Advaîta. Al Advaîta no le interesa profundizar ni en la Identificabilidad ni en la Indagabilidad, excepto para decir que son la causa del sufrimiento. La Inindagabilidad es una condición que aparece asociada con las habilidades, con los dones y talentos. Cuando se expresa, la reacción generada sucesivamente modifica la mente. Estar continuamente en concentración favorece una reconfiguración de la mente y permite que aflore el cuarto Operador Cognitivo, al que llamaremos autoindagabilidad.

Autoindagabilidad

La Autoindagabilidad es la operatividad cognitiva final. La Atención empieza a proyectarse sobre sí misma, algo similar a estar en un salón lleno de espejos donde sin importar en qué dirección se esté siempre aparece reflejada la imagen de quien observa. Cuando la autoindagabilidad se asocia a un campo cerrado, el testigo se percibe simultáneamente al vacío o nadidad.

Cuando se asocia a un Campo abierto, como ocurre en la Meditación, se llega a conocer que el Universo en su totalidad, tanto material como ideal, es sólo Conciencia. Ahí acaba toda indagación de los perceptores, pues el testigo o perceptor es simultáneo a lo percibido. En Samadhi se advierte que el Universo entero es Conciencia, no sólo el perceptor; tiempo y espacio son Conciencia, vida y la muerte son Conciencia, la belleza y la fealdad son Conciencia, todo es Conciencia.

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